domingo, 4 de marzo de 2012

Pedro e Inés de Portugal

Uno de los mayores mitos de Portugal se basa en un hecho histórico real, los amores de Don Pedro e Inés de Castro.

En 1339 el príncipe Don Pedro, hijo del rey Alfonso IV, se casó con Constanza Manuel, noble de origen castellano. En el séquito de ésta viajaba su prima, una bellísima dama llamada Inés de Castro. Ésta era hija bastarda del duque de Peñafiel y marqués de Villena, Don Juan Manuel.


Retrato de Inés de Castro


La llegada de Inés a la corte portuguesa causó un gran revuelo e inflamó de pasión el corazón del príncipe Pedro. Aunque se trataba de una relación ilícita, recordemos que Don Pedro había contraído matrimonio con Doña Constanza prima de Inés, la pareja vivía su amor abiertamente y era por todos conocido.



Retrato del príncipe Don Pedro


En un intento desesperado por conservar su marido, Doña Constanza pidió a Inés que fuera madrina de su primer hijo, así según las costumbres de la época se creaban lazos familiares entre los amantes y cualquier tipo de relación amorosa entre ellos adquiría tintes incestuosos. Aún así el triunfo de Doña Constanza fue pasajero, a la semana moría el pequeño.

El rey Alfonso IV no podía tolerar esta situación. Aunque se escudara en motivos morales lo cierto es que políticamente esta relación ponía en peligro a su propio reino por lo que ordenó el destierro de Inés de Castro, quién no marchó demasiado lejos, instalándose en el castillo de Albuquerque, situado en Badajoz, donde el príncipe Pedro podía visitarla. Poco tiempo después, el 13 de noviembre de 1345, Constanza fallecía al dar a luz al futuro rey Don Fernando. Tras su muerte Don Pedro liberaba a su amada del destierro para vivir su amor libremente en el norte de Portugal.

Parece ser que al cabo de nueve años de la muerte de Doña Constanza, Don Pedro decidió casarse, de manera clandestina, con la que había sido hasta entonces su amante, santificando así su unión ante el obispo de Guarda. Pero aunque la unión fue bendecida por la iglesia no resta ningún documento que pueda probarlo.

Al contrario de lo que pueda parecer fue en estos momentos cuando empezaron a surgir murmuraciones que pusieron punto y final a este amor. Los hermanos de Inés de Castro constituían un gran peligro para la sucesión legítima, puesto que estos nobles castellanos podrían apoyar a sus sobrinos a reclamar el derecho al trono de Portugal.

Fue entonces cuando el rey Alfonso IV el Bravo fue incitado por algunos de sus nobles hidalgos a poner freno a las pretensiones de la casa Castro, temida en Castilla y Portugal, para ello planearon el asesinato de Doña Inés. Tan terrible acto se llevó a cabo un día de 1355 cuando el príncipe Pedro se encontraba de cacería. Doña Inés se encontraba cerca del monasterio de Monasterio de Santa Clara, en Coímbra y fue apuñalada sin piedad por Alonso Gonçalves, Pedro Coelho y Diego Lopez Pacheco, mientras se abrazaba a sus hijos.

Según la leyenda, las lágrimas derramadas por Inés en el río Mondego en el momento que iba a ser asesinada dio lugar a la Fontes das Lágrimas de la Quinta das lagrimas. En el lecho de la fuente pueden verse algas de color rojo que según la leyenda son gotas de sangre de la propia Inés.


Fonte das Lagrimas


Fonte das Lagrimas


Aquí acaba la historia y comienza la leyenda puesto que las crónicas no recogen los siguientes hechos. El mito explica que cuando Don Pedro subió al trono uno de sus primeros actos fue arrancar el corazón en vida de los asesinos de su amada. Vengada su muerte hizo desenterrar su cuerpo y coronarla reina de Portugal por lo que todos los nobles debieron rendirle homenaje y besar su mano.

Según algunos historiadores puede que este hecho tan macabro de vasallaje al cuerpo de la difunta reina se base en realidad en una antigua costumbre de rendir homenaje póstumo a efigies modeladas en cera a imagen del difunto monarca, por lo que puede que en realidad Don Pedro obligara a sus nobles a rendir homenaje a una figura de cera a imagen de Doña Inés colocada en el trono.

El cuerpo de Doña Inés descansa en el monasterio de Alcobaça. Don Pedro dispuso que su tumba y la de su amada debían tocarse los pies, de manera que el dia de la resurreción cuando sus cuerpos se levantaran lo primero que viera fuese su amada Inés.



Sepulcro de Doña Inés de Castro


Aunque el gran amor del rey Pedro el Justiciero, fue Inés, las crónicas de la época de su reinado, escritas por Fernão Lopes recogen otro romance.

Dicen que el rey mantuvo una apasionada relación con su escudero Afonso Madeira al que "amava mais do que se deve aqui dizer". Parece ser que Afonso tuvo un escarceo amoroso con Catarina Tosse, esposa del corregidor Lourenço Gonçalves. A oídos del mismísimo rey llegó la aventura y tal fue la furia del rey Justiciero luego llamado el Cruel, que "madou-lhe cortar aqueles membros que os homens en maior apreço têm, de modo que não ficou carne até aos ossos que tudo não fosse cortado". Según Lopes, el pobre Afonso fue tratado y "curou-se, engrossou nas pernas e no corpo e viveu alguns anos engelhado de rosto e sem barba e morreu depois de sua natural morte".



Fuentes:

http://pt.wikipedia.org/wiki/Quinta_das_L%C3%A1grimas
http://pt.wikipedia.org/wiki/Pedro_I_de_Portugal
http://pt.wikipedia.org/wiki/In%C3%AAs_de_Castro
Almeida Martins, Luis. 365 Dias com Histórias da História de Portugal. Ed. Esfera dos libros (Col. História divulgativa), Lisboa, 2011.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Milagro en Batres: la leyenda de la Cruz

Esta leyenda ha dado lugar a una de las fiestas populares de la comunidad de Madrid, la fiesta de la Cruz.

En el siglo XVI un campesino de la aldea de Batres llevó a casa unos troncos de leña que había recogido en sus campos. Era una noche fría de febrero y se puso a encender un fuego pero no tenía yesca por lo que no podía. Estaba ya desesperado cuando de pronto se hizo un resplandor de fuego y luz, en el centro de éste había una cruz hecha con la madera que él había recogido. Éste hecho milagroso se entendió por las aldeas de los alrededores, hasta llegar a Toledo, donde los aldeanos de Añover de Tajo reclamaban la milagrosa cruz diciendo que la había perdido durante la invasión musulmana. Para resolver la disputa celebraron un juicio entre Batres y Añover de Tajo, ganando el pueblo madrileño. Este asombroso milagro llegó a oídos del papa Pío V, quién parecer ser que participó en el pleito y admirado por la fe de Batres regaló al pueblo sus propias sandalias, que desaparecieron durante la guerra civil.


La cruz de Batres se conserva actualmente en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Batres.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La orina en Roma

Una de las mayores preocupaciones de un emperador cuando subía al trono era mantener contentas a las tropas, pues estas habían propiciado su ascenso y podrían provocar su caída con la misma facilidad.

Cuando el emperador Vespasiano subió al poder en el año 69 d.c. se encontró con las arcas del imperio vacías. Nerón había derrochado la fortuna de Roma y los conflictos bélicos que se originaron a su muerte sumieron en un estado aún mas lamentable al erario público.


Busto de Vespasiano


El emperador se encontraba en una situación muy delicada, debía pagar a las tropas romanas pero no había dinero. Asumiendo esta situación como un desafío Vespasiano ideó una serie de tributos y reformas que ayudaran a recaudar una gran cantidad de dinero para las arcas públicas. Uno de los tributos más polémicos, creado por Nerón pero activo en época de Vespasiano fue el vectigal urinae, fijado sobre la orina que se recolectaba en las letrinas y vías públicas.

En la antigua Roma la orina humana era una materia prima muy valorada ya que se utilizaba para curtir cuero y para lavar prendas de vestir, de lo que podemos deducir que el jabón no existía todavía. En las fullonicas, lo que serían las actuales lavanderias, el lavado de la ropa requería una largo proceso. Primero se arreglaba cualquier desperfecto que pudiera tener la pieza. Luego la ropa era sumergida en diferentes tinas llenas de orina humana (en algunos casos incluso animal) mezclada con agua y ceniza y en varios tipos de arcilla. El amoniaco de la orina actuava como desinfectante y la ceniza blanqueaba el tejido. Una vez lavada se colocaba en grandes armazones donde se dejaba secar y posteriormente se planchaba en una prensa.

Como podemos imaginar todo este trabajo lo realizaban los esclavos y en algunos casos gente de clase muy humilde.


Relieve de un fullone pisando la ropa dentro de una tina, podemos suponer que llena de orina.


Para conseguir la materia prima los fullones colocaban grandes recipientes en la vía púlica donde los transeuntes debajan su contribución. Con la entrada en vigor del nuevo tributo esta practica se abandonó ya que Vespasiano construyó letrinas públicas donde las propietarios de las fullonicas podian recoger la orina previo pago. A la vista del nuevo tributo que grababa la orina el precio servicio de las fullonicas se encareció.

El historiador romano Suetonio nos indica que Tito les recriminó a su padre el haber recurrido a este impuesto como medida para recaudar fondos, a lo que su padre contestó sosteniendo un moneda bajo sus narices y le preguntó si el olor le molestaba. Su hijo respondió "no y sin embargo proviene de la orina". Esta historia que nos legó Suetonio y que no podemos considerar del todo verídica intenta explicar el origen de la frase pecunia non olet (el dinero no apesta) que se convirtió en probervio en Época romana y que era utilizada continuamente como justificativo de la legimitidad de las ganancias sin importar su origen.

No querría acabar el post sin dejar de mencionar otro interesante uso que se le dio a la orina en época romana. Mezclada con polvo de piedra pómez se utilizaba como dentífrico.

sábado, 6 de agosto de 2011

Las ordalías

Cuantas veces hemos oído eso de.... La realidad supera la ficción? Aunque hoy en día gracias al cine nos parezca increíble que la realidad pueda superar la ficción la historia nos enseña que en algunos casos ciertamente la supera. Si pensamos en la edad media nos vendrán a la mente las ordalías y el variado repertorio de torturas que utilizaban.

Fragmento de El jardín de las delicias del Bosco
ca. 1480 - 1490


Aunque relacionemos las torturas con la inquisición y la edad media, lo cierto es que se han producido a lo largo de todos los tiempos, incluso en la época actual. Muchos de estos métodos de tortura nos pueden parecer absurdos e imaginativos hoy día pero eran muy efectivos. Las ordalías en cambio eran un tipo de justicia divina, aunque personalmente considero que bien podría ser otro tipo de tortura. La ordalía consistía en una prueba ritual o un combate en la que el supuesto culpable tenía la opción de demostrar su inocencia. Como bien podemos suponer esto no era una tarea fácil puesto que Dios siempre ha sido difícil de contentar. Esta prueba tenía una característica y es que siempre hay un elemento clave: fuego o agua. Como ya habréis adivinado, el pobre desdichado debía enfrentarse a uno de estos elementos. El negarse a realizar la prueba era ya un claro síntoma de la culpabilidad de la persona, pues si fueras inocente porque habías de temer que te quemaran la lengua o te tiraran maniatado dentro de un saco al rió? Al inocente tan solo le saldrían unas dolorosas llagas o flotaría en el agua (con suerte), aunque el sentido común nos dice que más bien sería todo lo contrario... Así mismo si por casualidad uno salía victorioso de la ordalía tampoco tenia asegurada su inocencia puesto que podía ser acusado de brujeria. Un sistema perfecto que nunca cometía errores!

Algunas de estas temibles pruebas han dado origen a frases hechas que hoy día utilizarmos, como por ejemplo poner las manos en el fuego (como su nombre indica esta prueba consistía en tocar un hierro candente con la palma de las manos o introducir éstas en un recipiente con brasas ardientes), romper una lanza (otra modalidad de ordalía, en este caso consistía en una combate o justa en el que una persona defendía el honor de otra en una justa, si derribaba al contrario o le rompía la lanza quedaba demostrada la inocencia de éste).

Este tipo de juicios divinos fue asumido por las autoridades religiosas quienes establecieron diferentes pruebas según el delito cometido. Por ejemplo la ordalía de agua fría era utilizada en acusaciones de brujería y consistía en lanzar al acusado al río, si no alcanzaba la orilla se le consideraba culpable y ajusticiado. Otra variante consistía en atarle de pies y manos y lanzarlo a un foso con agua, si se hundía era inocente, si el cuerpo flotaba quería decir que la pureza del agua lo rechazaba por lo que era culpable, al fin y al cabo el resulado era el mismo, el acusado debia morir.

La más frecuente era la ordalía de agua caliente, utilizada en delitos para aclarar la paternidad y propiedad. En este caso se trataba de introducir las manos en un recipiente con agua hirviendo durante un rato, posteriormente se vendaban las extremidades. Al cabo de unos dias se retiraban los vendajes, si había signos de curación el acusado era culpable puesto que la curación indicaba que se había quemado.

Estas dos ordalias eran las más frecuentes pero existían muchiiiiiiisimas más. A continuación os indico aquellas que me han llamado la atención.

La ordalía de las aguas amargas. Parece que esta prueba fue extraída de un pasaje del antiguo testamento, por tanto es de origen hebreo. Parece ser que sólo era utilizada en casos de adulterio y únicamente se practicaba con mujeres. Consistía en hacer ingerior a la culpable un brebaje en el que se diluía agua consagrada mezclada con tierra del tabernáculo y un papel con la siguiente maldición escrita "si no ha dormido contigo ninguno y si no te has descarriado, contaminándote y siendo infiel a tu maride, índemne seas del agua amarga de la maldición; pero si te descarriaste y fuiste infiel a tu marido, contaminándote y durmiendo con otro, hágate Yavhé maldición y execración en medio de tu pueblo y séquense tus muslos e hínchese tu vientre, entre esta agua de maldición en tus entrañas para hacer que tu vientre se hinche y se pudran tus muslos”.

En Cataluña se practicaba la ordalía dels albats, en este tipo de juicio las partes litigantes sumergían a dos recien nacidos, que les representaban, en el agua y el que más se hundiese ganaba, demostrando claramente la inocencia de su representado.

Alfonso X el Sabio reguló una practica de la ordalía, a la que llamó duelo judicial. Fue utilizado entre los siglos XIII y XV y en ella era un factor importe la condición social de las partes enfrentadas, ya que decidía el tipo de arma a utilizar en el duelo. En el caso de los plebeyos se utilizaban palos o bastones, la nobleza se batía en duelo con caballos, lanzas y espadas.

martes, 28 de junio de 2011

El arco de Santa María de Burgos

El arco de Santa María era en origen una de las doce puertas de la muralla medieval que rodeaba la ciudad de Burgos. Esta puerta comunicaba la ciudad con el puente de Santa María que permitía cruzar el río Arlazón y llegar a la plaza de San Fernando, donde se encuentra todavía la catedral.

El aspecto actual de la Puerta de Santa María se debe a una reforma realizada entre los años 1536 y 1553 con motivo de la visita del emperador Carlos V durante su viaje a Yuste. El emperador atravesó la puerta de Santa María el martes día 13 de Octubre de 1556. Estaba malhumorado por la desorganización del viaje y por una reciente indigestión sufrida pocos días antes, la gota apenas le permitía caminar y su malestar era evidente. Había programado este último viaje de 90 leguas en 21 etapas, tenia la intención de retirarse a Yuste para descansar y prepararse para la hora de su muerte.


Burgos Civitates Orbis Terrarum, vol. I, lám. 6 Colonia, Georg Braun (edición) 1572


La remodelación de la puerta se encargó a Juan de Vallejo y a Francisco de Colonia quienes la proyectaron como si fuera un castillo con un gran retablo en el centro.


Imagen extraida de wikipedia


La puerta se enmarca por dos grandes cilindros con forma de torre y se estructura en tres cuerpos horizontales bien diferenciados, pues están separados por impostas.

En la parte inferior se encuentra el arco de medio punto que sirve de acceso, está flanqueado por dos columnas y decorado con dos bustos.

En la parte central la decoración se organiza como en un retablo divido en dos pisos y unidos por columnas. En cada piso encontramos tres hornacinas con una estatua cada una, todas obras del escultor Martín Ochoa de Arteaga. En este retablo de piedra está representada la historia (o más bien leyenda) de Castilla resumida mediante seis personajes.

En la parte superior en el centro se situa la figura de Carlos V rodeado por Fernán González (el primer conde independiente de Castilla) a la izquierda y el Cid Campeador a la izquierda. En la parte inferior en el centro, el Conde Diego Rodríguez Porcelos, fundador de la ciudad, rodeado por los jueces de Castilla, a la izquierda Nuño Rasura y a la derecha Laín Calvo. Justo encima de Carlos V aparece la figura del ángel de la guarda con el mapa de la ciudad entre sus manos.

Coronando todo el conjunto tenemos la figura de la Virgen Maria con el niño entre sus brazos, que da nombre a la puerta.

Se puede acceder al interior del arco a través de unas escaleras de época medieval. El interior se encuentra actualmente reformado pero se conservan algunas yeserias mudéjares. En el piso principal está la sala Poridad, un salón octogonal donde se reunía el consejo de la ciudad de Burgos hasta el año 1780. En esta sala se guardan algunos de los tesoros de la ciudad, como el artesonado mudéjar en el techo de la sala, el cuadro "El Cid y Doña Jimena" del artista burgalés Marceliano Santa María, un hueso del Cid Campeador, la medida patrón de la vara castellana, la antigua puerta blindada de acceso al archivo del Arco, etc.

Desde esta sala se puede acceder al piso superior mediante una escalera de caracol. En esta planta se ubica el museo de Farmacia en el que se conservan algunos de los tarros de boticario del desaparecido Hospital de San Juan, su botica fue una de las más importantes de España.

El arco de Santa María fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en el año 1943.




sábado, 25 de junio de 2011

Caldas da Rainha


En el año 1485 la reina Leonor de Portugal mandó construir el primer hospital termal.

Según la leyenda en el año 1484 Doña Leonor, esposa del rey portugués Joao II, se dirigía a Batalha y por el camino pasó por Caldas de Óbidos. Esta zona era frecuentada por leprosos y enfermos de reumatismo que buscaban alivio para su enfermedad en las sulfurosas aguas de este lugar. Ya en época de los romanos se construyeron unos baños pero el paso de los años y las diferentes batallas lo destruyeron y las ruinas fueron utilizadas por los enfermos y leprosos durante la edad media.

Leonor quedó impactada al ver las malas condiciones en que se encontraban los baños y compadeciéndose de los enfermos y leprosos decidió construir un hospital termal. Existe otra variante de la historia que explica que Leonor se encontraba enferma en Almeirin y sus médicos le aconsejaron que se diera unos baños en aquel lugar. La reina ordenó la construcción de un tanque y probó el tratamiento de las aguas, al ver que surgían efecto y su enfermedad remitía prometió construir un hospital.

En el año 1485 se iniciaron las obras pero fue en 1488 cuando se dio un verdadero impulso y se construyó el hospital y la iglesia anexa, ambos dedicados a Nuestra Señora del Pueblo.

Alrededor de este complejo hospitalario se asentó una nueva población que recibió el nombre de Caldas da Rainha. La preocupación de Leonor por la población era evidente ya que se concedieron privilegios y libertades para todos aquellos que se instalasen en ella y en el año 1511 el rey Manuel le concedió el título de Villa.

Aún así el mantenimiento del hospital y la iglesia requerían una fuente de ingresos constante por lo que Leonor decidió donar las rentas que percibía y sus derechos sobre las tierras de Óbidos, Aldeia Galega y Merciana. También vendió parte de sus joyas para adquirir el mobiliario, utensilios, ropas y otros objetos necesarios para el hospital.

El apoyo de las autoridades religiosas tambien fue muy importante, en este caso para la construcción de la iglesia. El cardenal Alpedrinha, confesor de la reina Leonor, consiguió las bulas papales necesarias para su construcción.

Las obras se realizaron en diferentes etapas, ya que el hospital fue ampliándose a lo largo del tiempo. En el año 1490 la iglesia y el hospital ya funcionaban a pleno rendimiento. El hospital era un edificio de dos plantas; en la planta baja se encontraban los baños y la enfermería con aquellos enfermos que debían guardar reposo en cama, esta zona conectaba con la iglesia con lo que los enfermos podían asistir a la misa. En el piso de arriba había un total de 110 camas, unas 70 se reservaban para los más pobres.

El tratamiento termal sólo se practicaba entre el 1 de abril y el último día de septiembre. El primer día se leía el Compromiso, una serie de reglas establecidas por la reina Leonor para garantizar el buen funcionamiento de su hospital.

Durante el siglo XVI el hospital se consolidó como institución de salud y asistencia médica ofreciendo una gran diversidad de servicios. Posteriormente en el siglo XVII fue objeto de una gran cantidad de reformas dado el interés que tenían los monarcas por el lugar. El rey Joao V visitó Caldas da Rainha trece veces entre 1742 y 1748. También proyectó una serie de obras llevadas a cabo por Manuel da Maria, ingeniero mayor y Eugenio dos Santos. Las obras se iniciaron en 1747 e incluían la creación de una red de abastecimiento de agua para la villa. Las obras que se llevaron a cabo destruyeron el edificio original construido bajo el mecenazgo de la reina Leonor por uno mucho más funcional.

En el siglo XIX los baños se transformaron en una moda social en toda Europa. Ya no solo se recomendaban estos tratamientos para la salud física sino también para el bienestar psicológico. Se crearon jardines para pasear, leer, relajarse... espacios de convivencia. Estos cambios fueron promovidos por Rodrigo Maria Berguó, administrador del hospital quien quiso que este se convirtiera en un punto de referencia a nivel mundial.



El actual edificio termal de Caldas da Rainha

domingo, 19 de junio de 2011

El puerto de Madrid

Si se hubiera llevado a cabo el estudio realizado por el arquitecto e ingeniero militar español de origen romano, Juan Bautista Antonelli, hoy Madrid tendría un puerto que enlazaría con la costa atlántica.

En el año 1581 Felipe II decidió instalar la corte en Madrid convirtiéndose en la capital del Imperio. Se pensó entonces que puesto que era capital debía ser también puerto marítimo y a pesar de estar situada en el centro de la península se empezó a estudiar el proyecto.


Vista de Madrid desde el oeste, frente a la puerta de la Vega, por Anton Van der Wyngaerde (llamado en España "Antonio de las Viñas") en 1562,
encargado por Felipe II de recoger vistas de sus ciudades.


Hacía poco tiempo que el monarca había visto en Flandes el juegos de canales y esclusas que enlazaban las diferentes comarcas y facilitaban el transporte de personas, animales y objetos por lo que prestó especial atención al proyecto que podía convertir a la capital en un puerto atlántico mediante una vía acuática que tendría su final en Lisboa, no olvidemos que en 1580 Portugal pasó a formar parte del Imperio español hasta su independencia en 1640.

El encargado de realizar el estudio y proyecto fue Juan Bautista Antonelli, arquitecto e ingeniero militar con una basta experiencia en la canalización de ríos y construcción de fortalezas. Antonelli estudió la manera de enlazar Madrid con la costa atlántica mediante la navegación por el río Manzanares y enlazando con el Tajo, el cual desemboca en el océano Atlántico. Aunque el Manzanares nunca ha sido un río caudaloso Antonelli pretendía solventar este problema desviando las aguas del río Jarama al Manzanares mediante un sistema de esclusas de manera que los barcos pudiesen navegar por este hasta llegar al Tajo. Así mismo también debian de realizarse trabajos de adaptación en el Tajo como la remodelación de los puentes del Arzobispo y Alcántara y un diseño especial de embarcaciones para adaptarlas a su calado.

Finalmente el proyecto no puedo llevarse a cabo, no por considerarlo imposible si no por su elevado coste. En aquellos momentos se estaba preparando la armada que debía invadir Inglaterra y todos los esfuerzos económicos y materiales debían centrarse en esa empresa de la que dependía el futuro del Imperio. Como bien sabemos la empresa acabó desastrosamente para España, sumiendo al reino en una crisis económica y en un sentimiento de malestar y pesimismo general. Seguramente Felipe II pensó que bastante hundido estaba su orgullo como para emprender otro proyecto del que la corte entera se mofaba.

Existe una novela que trata este tema, para el que le interese se titula Solo navegaron sus sueños de Ricardo Sánchez Candelas.