viernes, 28 de septiembre de 2012

Guillemo Tell, el libertador de Suiza


     La historia de Guillermo Tell es una de las más conocidas que nos ha llegado de la Edad Media. Según este popular relato, Tell era un habitante de Bürglen, ciudad situada en el centro de Suiza, conocido por su puntería con la ballesta. Hacia el año 1276 tuvo un altercado con el gobernador del cantón de Uri, Hermann Gessler, al negarse a inclinarse ante el símbolo de la autoridad del Imperio: un sombrero colocado en lo alto de un poste que estaba clavado en el centro de la plaza principal. El gobernador decidió castigar con dureza esta grave afrenta y sabiendo que Guillermo era conocido por ser buen tirador le obligó a disparar a una manzana que había colocado sobre la cabeza de su hijo menor. Si acertaba en el blanco ganaría la libertad pero si fallaba... sería arrestado. Como no podía ser de otro modo Tell disparó y clavó su fecha en la manzana. Entonces el gobernador le preguntó por qué había preparado dos flechas si sólo había disparado una, a lo que Tell respondió, que de haber fallado habría disparaddo la segunda flecha contra él. Tras esta insolencia el gobernador Gessler ordenó el arresto inmediato de Tell y su encierro en prisión. 

     El traslado a prisión se hizo en barco a través del lago de los Cuatro Cantones, pero no fue una travesía tranquila ya que se desencadenó una violenta tormenta. Tell aprovechó la confusión de esos momentos y logró escapar. Dirigió sus paso hacia el castillo del gobernador, en Küssnacht y en el momento en que apareció Gessner lo mató con la segunda flecha.

     Ficción o realidad esta singular historia se popularizó hacia el siglo XV y se divulgó con gran facilidad entre la población es una adaptación de otras leyendas medievales anteriores. En el siglo XVIII gracias a la crónica de Tschudy y al historiador Johannes Von Müller y su Hisotira de Suiza, publicada en 1778 se  consagró la figura de Guillermo Tell como heroé de la libertad helvética y del espíritu alpino, difundiendo la imagen de los suizos como un pueblo pacífico que vive en armonia con la naturaleza. Una imagen totalmente alejada de la realidad puesto que las duras condiciones de vida para los cazadores y campesinos de los cantones alpinos propiciaban expediciones armadas para apoderarse de pastos y atacar conventos cercanos.



Estatua de Guillermo Tell en Altdorf, Uri

2 comentarios:

  1. Triste que en tiempos cristianos sean la espada y el fusil las armas del hombre contra el hombre. El Evangelio no ha sido creído y por eso las guerras son el denominador común de todos los siglos. Cristo les dejó la Paz a los apóstoles pero los cristianos no hemos sido capaces de conservarla, porque lo que siempre se ha visto es Caín matando a su hermano Abel.

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